lunes, 20 de febrero de 2012

¿Desagradable o divertido?

Esta mañana, mientras hacía competentemente mi trabajo de limpiadora, he sido víctima de un trágico suceso que alimentará mis pesadillas en los próximos meses.
A continuación relato lo sucedido para que, en caso de que seáis víctimas fortuitas de vuestros impulsos, podáis evitar lo que yo no pude.
Mientras la música alimentaba mi imaginación iba abriendo una habitación tras otra dirigiéndome inevitablemente a la puerta con el número 315, claro que mi torpe ingenuidad no podía imaginarse lo que encontraría en aquella habitación maldita.
Todo parecía normal, las camas estaban desechas, cómo era natural. Sobre la mesita de noche descansaba un arrugado paquete de Malboro Light, señal de que posiblemente, la habitación había estado ocupada por un chino, que son fieles a esta marca en particular. Seguí con mi rutina laboral y con una eficacia voraz separé las camas. Mi mente distraída no prestó demasiada atención a esa bolita escondida tras una de las patas de la cama, pero mi cerebro, que en el trabajo actúa con una extrema seriedad, reaccionó ante aquella molesta presencia. De un modo impulsivo lancé mi mano para recoger aquella inofensiva bolita, pero mis ojos se centraron y enfocaron la imagen a la vez que se abrían con estupefacción… era demasiado tarde, el impulso estaba en proceso y no había forma de pararlo. Fue sólo cuando sentí entre mis yemas el suave tacto del profiláctico, cuando mi cuerpo reaccionó. La humedad de una mezcla de flujos vaginales y semen oriental se extendía entre mis dedos. ¿Cómo podía pasarme esto a mí?
Mi reacción fue rápida y contundente, mi brazo se elevó repentinamente soltando por los aires el asqueroso condón usado del chino anónimo. Mi rostro compungido por el asco y el horror se reflejaba en el espejo mientras me lavaba las manos con agua muy caliente, pero el tacto del suave plástico seguía marcando mis yemas cómo una quemadura de tercer grado. Después de repetir este proceso tres veces volví a mirar mi reflejo, descubriendo que una tímida lágrima de impotencia surcaba mi mejilla.
Ahora, unas horas después del desgraciado incidente y en la seguridad de mi hogar, puedo sentirme más tranquila, aunque mi dedo índice insiste en que pongamos una denuncia por agresión sexual, siempre ha sido un poco melodramático.
Con esto quiero que toméis en consecuencia lo sucedido y lo tengáis presente, por si en algún momento de vuestras vidas, aunque fuera bajo otras circunstancias, encontrarais una bolita que en principio pareciese inofensiva. Podéis estar a punto de cometer el mismo error que cometí yo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario